Sábado, 31 Marzo 2012 06:46

Actitudes negativas Destacado

Escrito por Presidente de la Asociación de Jardicultura
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Muchos son los obstáculos que impiden que la jardinería sea considerada con justicia en buena parte del territorio español, al igual que en otras partes del mundo, no nos engañemos. El retraso cultural, sin duda, es uno de esos obstáculos. Hay un paralelismo casi perfecto entre el grado de evolución de una sociedad y la valoración y la protección de sus espacios verdes. Pero el limitado desarrollo cultural no es el único freno, ni mucho menos. A veces hay actitudes ancladas en ciertos sectores de las sociedades relativamente evolucionadas que suponen un lastre del cual es muy difícil deshacerse.

El caso, por ejemplo, del castellano clásico, hombre (o mujer) práctico donde los haya, en donde para él, si no se come, no tiene el menor interés. Imagino que es una actitud heredada de generaciones pasadas, fruto seguramente de haber pasado auténtico hambre, pero que hoy en día deja sin alimento ya no al cuerpo, necesidad relativamente bien cubierta en la sociedad actual, sino al espíritu. Una vez el cuerpo está bien alimentado, llega el momento de alimentar el espíritu y en eso, la jardinería, es una actividad excelente.

Un caso interesante es el del urbanita promedio, habitual sufridor de males endémicos de la sociedad actual como las primaverales alergias, enfermedades de última generación prácticamente inexistentes en otras épocas -quizá porque no se conocían los mecanismos del sistema inmunitario- probablemente porque la forma de vida, la contaminación, la exposición a las diferentes sustancias del ambiente, haya cambiado radicalmente desde el pasado. A pesar de que el polen, para producir alergias, debe ser respirado y debe estar por tanto trasportado por el aire -en la escuela aprendimos que se llamaba polinización anemófila- y, sin embargo, el alérgico urbanita a menudo echa la culpa de sus alérgicos males a las pobre flores que embellecen nuestros jardines. Flores que, fuera de toda culpa, son hermosas para atraer a los insectos -polinización entomófila según aprendimos en la escuela- y para que su pegajoso polen sea trasportado por ellos. Pero sí, nuestro urbanita promedio prefiere regañar a las inocentes flores en lugar de reconocer que la polución generada por los tubos de escape y otras chimeneas ha cambiado nuestra sensibilidad hacia los pólenes del aire. Así de injusta es la vida.

Otro caso no menos llamativo es el del gremio de arquitectos, profesión que por otro lado admiro. Las últimas modas arquitectónicas en donde menos es más, la búsqueda de líneas puras y espacios diáfanos, a veces auténticos monumentos a las cajas de zapatos, llevadas al campo de la jardinería deja, a veces, la duda de si algunos serán capaces de distinguir entre un árbol y una papelera, produciendo jardines insípidos sin gracia ni alma. A diferencia quizá de los espacios urbanos más actuales, los jardines se componen de detalles y únicamente el propio diseñador y el mismísimo Creador van a disfrutar de una vista completa del jardín, porque lo que queda bien en el plano no tiene porqué quedar igualmente bien en la realidad. Señores, para el visitante que penetra en el jardín, de lo que disfruta es de los detalles; por favor, utilícenlos más.

Lógicamente también debo comentar el papel de los políticos, en general auténticos yonkis ávidos de inauguraciones, que prefieren la cantidad en lugar de la calidad, permitiendo y alentando la implantación de nuevas zonas verdes -¡qué bien queda eso!- pero con incapacidad presupuestaria para mantenerlas de una forma adecuada y, todavía peor, con un presupuesto para su implantación insuficiente, donde no se sale del sota, caballo y rey, consiguiendo que sean jardines que visto uno, vistos todos. De césped y árboles desperdigados se pueden hacer miles de jardines, pero sólo son jardines porque en él hay ornamentales, que merecen un respeto, pero por lo demás mejor no hablar.

Y esto son sólo unos pocos ejemplos. Largo va a ser nuestro camino, como asociación cultural que pretende mejorar una cultura. Largo y tortuoso será cambiar actitudes y difundir conocimiento. El único consuelo es que si fuera fácil lo más probable es que la existencia de la Asociación de Jardicultura probablemente no tendría ningún valor.

Visto 1736 veces Modificado por última vez en Lunes, 17 Septiembre 2012 10:50
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