Viernes, 19 Agosto 2011 14:17

Abonos y fertilizantes

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En este artículo pretendo abordar el tema de la fertilización del suelo. Por circunstancias de mi pasado profesional que ya explicaré, adquirí conciencia de que, de manera errónea, se utilizaban indistintamente ambos términos, abono y fertilizante. Espero poder poner mi experiencia personal para ayudar a despejar una confusión verdaderamente arraigada.

Además, aprovechando el tema, trataré de resolver otro dilema planteado a menudo en el jardicultor ¿Es mejor un fertilizante orgánico o un abono químico? Nuestro objetivo, como personas sensatas, es basarnos en el conocimiento lo más amplio posible de la naturaleza, más que en conceptos a veces incluso metafísicos alejados de un conocimiento real, apoyado en posiciones viscerales fruto de una conciencia que pretende ser ecológica pero que dista mucho de serlo por excesivamente simplista. El concepto de "lo natural es mejor que lo creado por el hombre" no es una verdad absoluta y podría proponer infinidad de ejemplos que así lo demuestran.

Recuerdo cuando, como director técnico en una empresa encargada de la fabricación de fertilizantes orgánicos, intentaba aclarar -y aclararme- en conversación con el autor del famoso Vademecum de productos fitosanitarios, D. Carlos de Liñán. Aunque él no me recordaba a mí como alumno suyo -ciertamente nunca brillé como estudiante lo suficiente como para llamar la atención de ninguno de mis profesores- lógico dada la gran cantidad de personas que por sus clases habían ido pasando en su historia de profesor de la Escuela de Ingenieros Agrónomos de Madrid, por supuesto yo sí me acordaba de él. A pesar de ello, con su habitual afabilidad -todos los que le conocemos tenemos en muy buen concepto su excelente trato personal- discutíamos sobre el tema de la nomenclatura de abonos y fertilizantes, discusión en la que, finalmente, no llegamos a punto de encuentro. Cuando ambas posiciones llegaron a punto muerto, la discusión fue zanjada con un "el Vademecum es mío y hago lo que me da la gana", lo que evitó que el desencuentro se alargara innecesariamente.

He de decir en este punto que D. Carlos sólo hacía valer los conocimientos que por entonces eran de aplicación y se impartían en la Escuela, por lo que eran también conceptos que yo, supuestamente, debería manejar. Sin embargo, por la experiencia adquirida precisamente durante el tiempo que pasé junto a los fertilizantes orgánicos, mi posición había ido cambiando y fue lo que intenté hacer ver a mi interlocutor, a la vista está que sin éxito.

Mi argumentación se basaba más o menos en lo siguiente. Si tenemos un suelo con unas características físicas extremas, como un suelo muy arcilloso -por tanto mal aireado y con tendencia al encharcamiento- la fertilidad máxima de dicho suelo se ve limitada precisamente por esa circunstancia. A partir de cierto punto, aplicar más y más abono químico -normalmente Nitrógeno, Fósforo y Potasio que son los macronutrientes más demandados por las plantas- no aumentaría en absoluto la productividad. Sin embargo, la aplicación de una materia orgánica -tenga o no nutrientes minerales en su composición- mejoraría las características físicas del terreno, volviéndolo más esponjoso, mejorando su estructuración y su capacidad de almacenamiento de aire a disposición de las raíces y facilitando la accesibilidad a los nutrientes minerales. En definitiva, la materia orgánica adecuadamente aplicada, aún sin aportar nutrientes minerales, actuaría de fertilizante ya que serviría para mejorar la fertilidad del suelo. La confusión surge seguramente porque a este tipo de tratamientos encargados de mejorar las características físicas del suelo, en lugar de fertilizantes han sido tradicionalmente denominados correctores o enmiendas.

Para mí -y creo que para casi todo el mundo que se lo plantee- un fertilizante es todo aquello que mejora la fertilidad del suelo. Un tratamiento corrector, lógicamente, se aplica con dicho fin, al igual que un tratamiento de abonado. Ambos conceptos, corrección y abonado, son pues elementos dentro del grupo de los fertilizantes. La diferencia entre ambos conceptos está en que los tratamientos correctores se suelen aplicar para durar varios años mientras los abonados son consumidos durante el crecimiento a lo largo del año. Por cierto, para el que tenga interés, existen otros tipos de acciones correctoras (contra la excesiva salinidad por ejemplo) en los que no interviene la materia orgánica.

Aclarado este concepto, las ideas fundamentales que quiero transmitir son las siguientes:

  • La aplicación de abono químico mejora la fertilidad del suelo, pero su capacidad para mejorarla es limitada, siendo la mejora exclusivamente química.
  • El aumento de la concentración de nutrientes en el suelo se consigue más fácilmente con abonos químicos.
  • La aplicación de fertilizante orgánico mejora la fertilidad del suelo -básicamente las cualidades de retención de agua y aire, aunque también las de disponibilidad de nutrientes-, pero su capacidad también es limitada, siendo la mejora obtenida sobre todo física (y posiblemente química en lo referente a micronutrientes, aunque ello depende del origen del fertilizante).
  • El abono químico se va aplicando a lo largo del año, según el estado de crecimiento de la planta, para evitar pérdidas y aplicaciones no aprovechadas
  • El fertilizante orgánico se aplica una vez al año o bien en intervalos de más de un año

Como se puede deducir, ambos tipos de fertilizantes son interesantes para nosotros los jardicultores. Si bien en maceta o jardinera un buen sustrato hace innecesaria la fertilización orgánica -un buen sustrato está formado casi en su totalidad por materia orgánica-, es imprescindible un buen programa de abonado químico. Aprovecharé aquí para recalcar que un mal sustrato, que es precisamente el que nos encontramos en las tiendas de los "chinos" del barrio, es causa y garantía de fracaso para el jardicultor. Ni sus características físicas suelen ser buenas ni sus características químicas lo son con toda seguridad, lo que hace imposible conseguir que las plantas luzcan su máximo esplendor gracias a él.

No quiero olvidarme de otro detalle más a tener en cuenta y que, no sé muy bien por qué a menudo se valora justamente al contrario. Debemos saber que el mejor fertilizante orgánico, cuando está húmedo, huele a tierra mojada. Jamás debe oler a estiércol, gallinaza o similar. He conocido agricultores de toda la vida que valoraban positivamente que el fertilizante orgánico oliera mal; se trata este de un tremendo error. Repito: el buen fertilizante orgánico debe oler como la tierra huele tras una tormenta de verano -un olor de grato recuerdo para la mayoría de nosotros-. En otro artículo posterior explicaré el por qué.

Visto 2458 veces Modificado por última vez en Lunes, 17 Septiembre 2012 10:50

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