Miércoles, 15 Junio 2011 13:30

"Por favor: respete las plantas"

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No debería ser necesario, pero en ocasiones nos encontramos en algunos jardines y parques accesibles al público carteles con la frase "Respete las plantas" o algo similar. Desde nuestra asociación tenemos el firme propósito de divulgar precisamente la cultura del conocimiento y el respeto por las plantas para que, quizá algún día, no sea necesario poner en sobreaviso a nadie. Mientras tanto, personalmente estimo que será necesario poner en su punto el concepto de "respeto" a veces concebido de una manera, a mi juicio, errónea.

Respeto significa, de cualquier forma, evitar el maltrato, la agresión gratuita, el desprecio activo por algo o por alguien. Es por tanto un valor moral y algo que debe ser entendido como casi todo en esta vida, en su justo punto de equilibrio.

A menudo se ha utilizado la imagen de los indios americanos como paradigma del respeto por la naturaleza y la protección de sus riquezas biológicas. Hasta tal punto es así que incluso algunos políticos han hecho bandera de esta forma de ver el mundo y, sin duda, es evidente la influencia actual en las sociedades occidentales como la nuestra.

¿Significa que los indios americanos no sacrificaban animales para sostener su propia forma de vida?

Evidentemente no. Evitar el maltrato, evitar sacrificios innecesarios y mantener una actitud respetuosa incluso para la pieza de caza abatida, ha formado parte de su forma de entender la vida, al menos esa es la imagen que nos ha llegado. Sin embargo, quiero remarcar que no dejaron por ello de sacrificar a los animales que les servían de alimento.

Aprovechando este ejemplo, de todos conocido, quiero mostrar que se puede ser respetuoso con las plantas y, sin embargo, considerar que, llegado el momento adecuado, puede resultar procedente eliminar una planta, como el caso de un árbol en mal estado o una planta que ya ha cumplido con la misión que inicialmente le fue encomendada.

LA MEJOR POSICIÓN, LA DE EQUILIBRIO

Como todo en esta vida, la posición de equilibrio siempre es la más sensata. Y no podía ser diferente en el noble arte de la jardinería. Sin embargo no es infrecuente encontrarse ambos extremos, la de aquel que le da igual porque las plantas adquiridas en el vivero valen "4 perras" y lo mismo le da que malvivan, estén sometidas a podas drásticas o el perro que saca de paseo haga sus necesidades encima, como la de aquel que le representa un enorme cargo de conciencia deshacerse de, por ejemplo, un chopo que se ha mostrado especialmente destructor con los pavimentos, los desagües o las tuberías de su casa.

Ni una cosa ni la otra. Malo es cometer un error y plantar una especie que, habitualmente por desconocimiento, con los años crecerá demasiado para el lugar al que le asignamos inicialmente. Pero peor todavía es no resolver el problema lo antes posible, una vez que le hemos puesto nombre. Ójala hubiéramos aceptado un buen asesoramiento profesional en el momento en que decidimos plantarlo para evitar males futuros pero, si la cosa está hecha, el principio por el que nos debemos regir es el de evitar males mayores.

¿Significa por eso que no respetamos las plantas? En absoluto. Al igual que los indios americanos, una vez la planta ha cumplido con su cometido, deberá ser sacrificada (salvo que sea posible un trasplante, algo a menudo económica y/o técnicamente imposible, cuando el porte de la planta ha superado ciertos límites). Si la planta ha llegado a ese punto habiendo sido una planta afortunada en cuanto a sus cuidados, riegos, podas, abonados,... habrá recibido todo nuestro cariño y respeto y, estoy seguro, nos habrá devuelto con creces nuestros desvelos mostrándonos su mejor aspecto, sus floraciones más intensas, su sombra más fresca,...

Ese es el tipo de relación que espero podamos mantener con las plantas de nuestros jardines. Conocerlas para cuidarlas y mantenerlas sanas y majestuosas, pero evitando mantener hasta la senectud ejemplares que, tras un análisis riguroso, decidimos que los problemas que nos generan son mayores que los beneficios. Si actuamos así, esas plantas habrán contribuido a crear un mundo mejor y será el momento de, con el máximo respeto, sacrificarlas con objeto de que el mundo continúe siendo lo mejor posible.

POSTURAS INCOHERENTES

Por supuesto siempre cabe encontrar posturas incoherentes, incluso rayando la hipocresía, en donde algunos que absolutamente nada hicieron por favorecer una buena calidad de vida de aquél árbol, a veces por una actitud pasiva, admitiendo una de esas talas severas causa de mil pudriciones y plagas, surjan como sólidos defensores de su existencia.

No espero que cambie a corto plazo, pero espero que tarde o temprano lo haga. Más vale uno sólo de los que, sin llamar la atención, cuidan con esmero día a día la calidad de vida de las plantas de nuestros jardines, aunque de vez en cuando le corresponda la difícil tarea de acabar con la vida de alguna de ellas, que mil pseudodefensores de las plantas que nada hacen a diario por ellas, salvo echarse las manos a la cabeza cuando ven al primero haciendo lo correcto.

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