Miércoles, 01 Junio 2011 05:56

Un mal año para nuestros frutales

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¿Cómo? ¿Qué? ¡Pero si este año es fenomenal, uno de los mejores! No ha habido heladas en primavera, ha caído agua con generosidad... ¡Es precisamente todo lo contrario!

Vale. Quizá sea un poco exagerado, pero no veo otra forma de poner en sobreaviso a nuestros amigos fruticultores. O mejor dicho, nuestros amigos cultivadores de frutales, que aunque parezca lo mismo, no lo es.

Me explicaré. Tengo carnet de camión desde que hice la mili (es que uno ya tiene sus años), incluido el de remolque así que, sobre el papel, estoy capacitado para conducir casi todo tipo de vehículo de transporte de mercancías por carretera. Pero no soy camionero. No lo soy porque serlo requiere no solo tener el carnet, si no unos conocimientos y experiencias que el disponer de carnet no te da.

Con la fruticultura pasa lo mismo. Si cultivas frutales, pues eso, cultivas frutales pero no necesariamente eres fruticultor. El fruticultor es un profesional que sabe que el frutal necesita guardar un equilibrio, como todo en esta vida. Y sabe que los años "buenos" pueden ser nefastos para el frutal. Y no sólo por lo que concierne a las plagas y enfermedades, que lógicamente están ahora mismo en un momento excelente de salud, si no por la sobrecarga de fruta.

En la zona de Guadalajara no estamos acostumbrados a algo así. Lo normal es que a principios de mayo, más o menos, caigan las últimas heladas que hacen de aclareo natural de los frutos cuajados. Muchos caen, se secan, dejan de tomar alimento para engordar, y los que quedan no son muchos, pero pueden adquirir una calidad excelente. Ya se sabe que la calidad está reñida con la cantidad.

Pero este año no ha sido así. Si la lluvia no ha hecho el trabajo de aclareo que las heladas no han podido hacer, los frutos siguen engordando. Siguen absorbiendo nutrientes de la planta y su número no ha disminuido de forma natural. Las consecuencias pueden ser nefastas para el frutal ya que, si el excesivo número de frutos chupando savia no lo mata directamente, muchas de las ramas acabarán sucumbiendo por el peso, tronchándose de la peor forma posible y creando una heridas que jamás podrán cerrarse. Formarán un foco de entrada de enfermedades que, más tarde o más temprano, acabarán igualmente con nuestro árbol.

Así que, como en todas las facetas de la vida, seamos prudentes también en esto. Un correcto aclareo, dependiendo del vigor del árbol, será lo mejor. A ver si por querer tener la mejor cosecha de fruta del siglo vamos a tener este invierno la mejor cosecha de leña del milenio...

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