Lunes, 10 Diciembre 2012 16:46

Fertilidad, sustratos y riego Destacado

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¿Por qué incluir en el mismo artículo el tema de la fertilidad, los sustratos y el riego? Quizá parezca una mezcolanza de conceptos un tanto dispares, pero no es así, sobre todo si consideramos que el objetivo único es conseguir un medio de cultivo fértil, donde las plantas se desarrollen con el mayor potencial posible. No lo lograremos sin manejar conceptos evidentemente de fertilidad pero también, y en consecuencia de ello, de la comprensión de lo que supone un buen sustrato y una buena gestión del agua de riego.

1. FERTILIDAD

Para empezar definiremos qué significa el concepto de fertilidad que, si bien no se trata en absoluto de una definición académica, es enormemente didáctica:

FERTILIDAD ES TODO AQUELLO RELACIONADO CON EL MEDIO DE CULTIVO

QUE INFLUYE FAVORABLEMENTE EN EL DESARROLLO DE LAS PLANTAS


entendiendo el medio de cultivo como el material en el que las plantas desarrollan sus raíces.

La fertilidad es, en suma, la conjunción de una serie de características físicas, químicas y biológicas del medio de cultivo que facilitan el crecimiento y las funciones de las raíces y, por ello, del desarrollo del vegetal en su conjunto. Veamos ahora esas características con más detenimiento.

Fertilidad física

  • El medio de cultivo debe soportar adecuadamente a la planta, sirviendo como anclaje a las raíces y evitando que haya un desarraigo fácil. Esta característica es valiosa en el cultivo normal en contenedores o en plena tierra pero puede no ser tomada en consideración en cultivos especiales como son los hidropónicos, donde se le da un soporte físico aparte a la planta.

  • La compactación debe ser adecuada, ni excesiva ni demasiado pobre. Cuando es demasiado baja se puede producir el mencionado desarraigo y cuando es excesiva la porosidad puede bajar peligrosamente, problema que veremos  con más detenimiento a continuación.

  • La porosidad debe ser suficiente, con abundancia tanto de poros pequeños como de poros grandes (entendiendo como grande entre una décima de milimetro y uno o dos milímetros aproximadamente), siendo ambos necesarios; los poros pequeños para el almacenamiento de agua y los poros grandes para el almacenamiento del necesario aire, imprescindible para la respiración de las raíces.

  • El color del medio de cultivo y su temperatura, ambos elementos muy relacionados. Terrenos calizos, por ejemplo, absorben calor durante el día y lo emiten en forma de infrarrojo por la noche, favoreciendo la maduración de algunos frutos como las uvas. Obviamente también el calor es importante para el desarrollo mismo de las raíces.

Sobre la porosidad


Como se puede ver en la imagen anterior, los huecos o poros que quedan entre las partículas sólidas almacenan agua en los puntos de mayor aproximación entre ellas (o en las zonas donde por falta de drenaje el suelo se satura porque el agua se acumula llenando todos los intersticios). A estos puntos es a lo que denominamos poros pequeños, quedando en los espacios más separados, a los que denominamos poros grandes, rellenos de aire.

Si tenemos en consideración que las raíces son incapaces de vivir sin aire, muriendo en pocas horas cuando falta, es evidente que una buena proporción de poros grandes y pequeños (estos últimos para el almacenamiento del imprescindible agua) son fundamentales para una buena salud radicular, al igual que facilitar el drenaje cuando hay agua en exceso.

 

Fertilidad química

Una vez comprendida la relación entre partículas sólidas-aire-agua del medio de cultivo podemos pasar a valorar algo que aparece en presencia de agua: los elementos químicos disueltos.

  • El agua es el mejor disolvente que existe. Aunque no es un disolvente universal, sí es capaz de disolver muchas más sustancias que ningún otro disolvente. De hecho el agua en el medio de cultivo nunca está sola, siempre hay una mayor o menor proporción de sustancias químicas en su interior. Estas sustancias son iones y siempre tienen carga eléctrica, algunos con carga positiva (+) y otros con carga negativa (-). Ambas se contrarrestan entre sí y la carga global del agua y de sus sustancias disueltas es nula, es decir, por cada carga positiva hay una carga negativa y viceversa.

  • Cuando una sustancia como la sal común se disuelve en agua, el cloruro sódico o ClNa se separa en sus dos iones Cl- (cloruro) y Na+ (sodio). Ambos iones se mueven libremente en el interior del líquido.

  • Igualmente pasa con otros iones importantísimos como son el H+ (hidrogenión) o el OH- (hidroxilo), cuya proporción en el agua nos dará como resultado que el pH de la disolución sea ácida (mayor abundancia de H+) o básica (mayor abundancia de OH-).

  • Otros iones importantes son el nitrato NO3-, el fosfato PO43- o el potasio K+. Estos nos importan especialmente porque son los nutrientes que las plantas demandan en cantidades más importantes, comparados con otros que son requeridos en menor proporción como el hierro Fe3+, el magnesio Mg2+, calcio Ca2+, boro B3+, molibdeno Mo3+, etc.

  • Otros iones que no son nutrientes como los ya mencionados cloro Cl-, sodio Na+,... son importantes también porque suponen, unidos a los demás, la cantidad de sales disueltas en el agua (salinidad del suelo), con lo que aumenta peligrosamente creando presiones osmóticas excesivas, circunstancia que puede provocar la deshidratación de las raíces (a pesar de haber suficiente agua en el medio) y con ello la muerte de la planta.

  • El medio de cultivo posee una cierta capacidad para retener nutrientes impidiendo que todos ellos estén disueltos a la vez en el agua que contiene. Gracias a ello el agua de lluvia, muy pobre en sustancias disueltas, no lava completamente el contenido de nutrientes del suelo. La capacidad que tiene un medio de cultivo para retener nutrientes al agua se denomina Capacidad de Intercambio Catiónico o C.I.C.

 

Fertilidad biológica

  • Un material de naturaleza orgánica como un compost, un mantillo o una turba multiplica la C.I.C. de cualquier medio de cultivo. Las sustancias de desecho producidas por los microorganismos del suelo hacen lo mismo con los suelos minerales. Incluso suelos demasiado pesados, ricos en arcilla, que de por sí tienen un C.I.C. alto, mejoran su estructura y se vuelven más permeables gracias a la generación de complejos arcillo húmicos debido a la presencia de materia orgánica y de microorganismos en el suelo.

  • Los fertilizantes orgánicos pueden aportar también nutrientes en forma de iones asimilables pero su concentración es mucho más baja que cuando se aporta en forma de abonos químicos, lo que obliga a aportar un mayor volumen de fertilizante orgánico que de abono. Aunque los fertilizantes orgánicos suelen tener un abanico de nutrientes muy amplio, lo que resulta muy beneficioso para el aporte de micronutrientes, depende de su origen que es muy variado y, además, la cantidad de cada nutriente que aportamos suele ser difícil de valorar por lo que pueden aparecer carencias o consumos de lujo si no tenemos suficiente experiencia. No es extraño que un fertilizante orgánico pueda llegar a tener una salinidad excesiva para utilizarlo como sustrato.
  • La actividad biológica del fertilizante orgánico no siempre es beneficiosa para el medio de cultivo. Así, el cultivo en contenedor resulta muy beneficiado por medios de cultivo orgánicos, por su naturaleza esponjosa, siempre y cuando sean biológicamente estables, como es el caso de mezclas de turba, fibra de coco, etc. Cuando la carga biológica resulta importante, como es el caso de los estiércoles o los mantillos incluso los bien fermentados, la presión de los hongos y los microorganismos sobre las raíces resulta difícil de soportar y generan importantes problemas fitosanitarios, a menudo generando la muerte de la planta.

  • Como norma general, la aplicación de cualquier materia orgánica deberá hacerse previa estabilización biológica, gracias a la fermentación en procesos de compostaje. Otro método para aplicar materia orgánica no estabilizada será añadiéndola con suficiente antelación antes de cualquier plantación o siembra, para que los procesos naturales del suelo la estabilicen.

  • Diferenciaremos la materia orgánica biológicamente estable utilizada como medio de cultivo a la que denominamos genéricamente sustrato, de la materia orgánica biológicamente activa y utilizada exclusivamente como fertilizante, como es el caso del mantillo, del compost, del humus o del mismo estiércol. Debemos entender que el sustrato se puede utilizar como fertilizante mientras que no es posible hacerlo al revés debido al riesgo que entraña para las raíces.

     

Diferencia entre fertilizante y abono

  • En relación con el punto anterior, recordemos que un fertilizante es todo aquel material que permite mejorar la fertilidad de un medio de cultivo. En este concepto se engloban, por ejemplo, lo que en agricultura se denominan enmiendas.

  • Por contra, podemos definir el abono como todo aquello que aporta sustancias nutritivas al medio de cultivo (en forma de iones asimilables por las raíces).

  • De esta forma, podemos afirmar que un abono es un tipo de fertilizante mientras que un fertilizante no tiene por qué ser un abono.

  • Para más información, visita el artículo vinculado aquí.

     

2. SUSTRATOS

Definiremos en primer lugar lo que es un sustrato (esta vez sí se trata de una definición académica):

 

MATERIAL SÓLIDO DISTINTO AL SUELO “IN SITU”

DONDE SE CULTIVA PLANTAS

 

Teniendo en cuenta los criterios sobre fertilidad física, química y biológica expuestos en el capítulo precedente, es obvio que un sustrato puede estar constituido por muchos materiales diferentes. Algunos pueden ser químicamente inertes (no intervienen en el C.I.C.) o químicamente activos. Algunos pueden ser de origen orgánico (siempre y cuando sean estables biológicamente) y otros, por el contrario, pueden ser de origen mineral. Algunos pueden ser de origen natural y otros, por el contrario, son de origen sintético.

 

Características físicas interesantes

  • Alta porosidad

  • Ligereza

  • Fácilmente rehumectable

  • Baja compacidad

  • Estructura estable

  • Proporción del tamaño de las partículas sólidas equilibrada

 

Características químicas interesantes

  • C.I.C. adecuada

  • Disponibilidad de nutrientes asimilables

  • Baja salinidad

  • pH ligeramente ácido

  • Capacidad tampón para equilibrar el pH

 

Características biológicas interesantes

  • Sin patóngenos

  • Sin fitotoxicidades

  • Fácil de desinfectar

  • Mínima velocidad de descomposición (estabilidad biológica)

 

Otras características interesantes

  • Bajo coste

  • Fácil manejo

 

En definitiva es difícil que, salvo que seamos expertos, podamos crear sustratos adecuados para nuestras plantas, sobre todo utilizando materiales poco controlados. Los problemas que puede presentar un sustrato son invisibles en su mayoría ya que son de origen químico y biológico y, por tanto, no estamos en condiciones de valorarlo, salvo por sus resultados visibles en el cultivo de plantas, momento que suele ser demasiado tarde para ellas.

El consejo mejor que se puede dar es el de utilizar sustratos de marcas reconocidas que den la cara por sus productos, en cuyos envases se muestren los resultados de los análisis físico-químicos. Un buen sustrato es reutilizable y por tanto se trata de una inversión en la que no conviene en absoluto ahorrar unos céntimos.

 

3. RIEGO

Teniendo en cuenta la relación entre el agua en el suelo, la disolución de nutrientes y la disponibilidad de aire para las raíces, la adecuada gestión del riego puede llevar a que nuestro medio de cultivo potencialmente fértil pase a ser el cementerio para todas las plantas que cultivemos en él.

Aspectos a considerar al aplicar agua en el suelo

  • Porosidad. el agua debe rellenar los poros más pequeños, permitiendo el vaciado de los poros más grandes por gravedad. Tendremos en cuenta esta circunstancia al aplicar el agua ya que requiere tiempo suficiente para llegar a humedecer la profundidad deseada.

  • Profundidad. Hasta llenar todos los poros pequeños, como acabamos de comentar. Esta profundidad está relacionada con el tipo de planta a regar. Un césped, por ejemplo, requiere menos profundidad que un rosal.

  • Drenaje. Evita saturar poros grandes. Cuando el agua no se evacua libremente por abajo gracias al drenaje, la eliminación del aire del suelo provocará asfixia radicular y la muerte de los vegetales.

  • Lavado. El exceso de agua lava sales y nutrientes, sobre todo algunos como el nitrato (NO3-). Vigilar las aportaciones de agua considerando la lluvia especialmente como un elemento de lavado del suelo.

  • Salinidad del agua. El agua de riego siempre lleva sales disueltas, especialmente carbonatos de calcio. Un exceso de cal puede estropear muchas plantas como las hortensias, las camelias, rododendros, etc. Debemos facilitar la salida de estas sustancias aplicando mayores cantidades de agua de riego para acidificar el suelo, teniendo en cuenta el tipo de planta.

  • Temperatura del agua. Aguas demasiado frías o demasiado calientes pueden dañar las raíces por lo que siempre trataremos de aplicar agua a temperatura ambiente.

  • Hora del día. Aplicar el riego en el momento en que la planta tenga mejores condiciones para su aprovechamiento. Por ello es conveniente aplicarla al anochecer, permitiendo una lenta rehumectación durante toda la noche, salvo cuando las temperaturas nocturnas sean suaves (primavera y otoño) para evitar otros problemas fitosanitarios.

  • Tiempo entre riegos. Regar a menudo provoca poca disponibilidad de aire en el sustrato y regar a intervalos excesivo hace lo propio con el agua. Huir de fórmulas mágicas establecidas "esta planta se riega cada dos días" ya que depende de su estado biológico, su vigor, la época del año, etc. Obviamente el tipo de sustrato influye en su capacidad para almacenar agua (espero que esta idea haya quedado suficientemente bien aclarada en el artículo).

 

Sistemas de riego

No existe el sistema perfecto para regarlo todo. Cada uno tiene sus pros y sus contras:

  • El goteo ahorra agua pero facilita la salinización del suelo ya que aporta sales cada vez que se riega y no genera un lavado mínimo necesario. Es frecuente que se formen costras en los goteros y en el propio terreno adoptando una forma de bulbo en los límites de la zona regada por cada gotero. Un terreno regado por goteo requiere un lavado anual, en época de mayor disponibilidad de agua. Otro problema generado por el goteo son las tuberías sobre el terreno que son muy antiestéticas y dificultan las tareas de cultivo.

  • La aspersión es un buen sistema de riego para el césped pero a menudo genera problemas fitosanitarios en otras plantas por humedad en las hojas, impactos en flores, mala cobertura por obstáculos imprevistos, deriva por viento, pérdidas por evaporación, etc. Los difusores mejoran el problema de los impactos pero no los demás.

  • El riego por inundación es un buen sistema siempre y cuando esté bien controlado (en realidad un riego con regadera de mano es una variante de riego por inundación). El problema suele ser la falta de uniformidad sobre todo en sistemas de riego por surcos o a manta. Sin embargo una aportación por inundación con varios puntos distribuidos correctamente por el terreno de cultivo (en mucho menor número que en goteo) pueden mejorar mucho la uniformidad, evitando la salinización en las capas superficiales del terreno. También será necesario controlar la cantidad aportada para evitar el efecto contrario, es decir, el lavado de nutrientes.
Visto 4334 veces Modificado por última vez en Jueves, 12 Diciembre 2013 22:43