Viernes, 25 Marzo 2011 15:59

El cuidado de los semilleros

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Obtener nuestras propias plantas a partir de semillas no es tan difícil como para dejárselo sólo a los profesionales pero tampoco es que sea cosa de coser y cantar. Requiere de unos conocimientos básicos imprescindibles y, desde luego, de un cuidado y atenciones constantes. Los semilleros no permiten olvidarnos de ellos durante días, e incluso durante horas. Eso es algo que seguramente no nos perdonarán nuestras jóvenes plantas.

LA GERMINACIÓN

Hay semillas que germinan con mucha facilidad, pero a otras les cuesta mucho hacerlo. Un buen número de árboles y arbustos de nuestros campos y bosques germinan difícilmente nada más ser cosechadas. Poseen una característica especial en la que las semillas no pueden germinar, incluso estando en las condiciones de humedad y temperatura óptimas. Esa característica se llama "latencia". Para romper esa latencia y permitir que germinen, las semillas deben pasar, en muchos casos, unos meses en una situación de elevada humedad y frío intenso (pero por encima de la congelación). Es el mecanismo que poseen para evitar germinar en otoño, lo cual haría que la mayoría de las jóvenes plantas murieran durante el invierno.

Las semillas de las plantas anuales y bisanuales germinan con mayor facilidad, afortunadamente. No suelen presentar latencia y están prestas a germinar en cuanto la temperatura y humedad son las apropiadas. Dentro de ellas, las variaciones entre las especies pueden hacer que algunas nazcan a los pocos días de sembrarlas y otras lo hagan al cabo de varias semanas.

Una forma fácil de acelerar la germinación es dejar las semillas en remojo cubiertas de agua la noche anterior. El agua entra en la semilla y desencadena las reacciones bioquímicas que ponen en marcha la germinación. Sin embargo este truco no siempre es utilizable ya que en semillas pequeñas hace que luego sean mucho más difíciles de distribuir en el sustrato. Para semillas más bien gruesas, como la Ipomea, es una técnica estupenda ya que permite incluso eliminar las semillas muertas o inviables debido a que no se hinchan como las viables e, incluso, pueden aparecer flotando en el agua a la mañana siguiente.

LA SIEMBRA

La siembra es conveniente realizarla sobre un sustrato limpio y, de ser posible, desinfectado. Existen en el mercado sustratos especiales para semilleros que cumplen con esta característica. La razón es que las condiciones de humedad y temperatura pueden favorecer la aparición de hongos que atacarían con facilidad a nuestros semilleros. Una forma de evitarlo es aplicar fungicidadas específicos, diseñados para controlar el tipo de hongos que conforman la llamada "Peste de los semilleros".

El sustrato deberá estar ligeramente compactado, liso y horizontal. De no ser así, al tapar posteriormente la semilla con más sustrato podría ocurrir que algunas semillas quedaran demasiado enterradas y otras demasiado superficiales, lo que provocaría problemas para ambas.

Las semillas las distribuiremos todo lo uniformemente que seamos capaces de conseguir. Muchas semillas demasiado juntas y huecos en otros puntos hará también que el semillero sea más complicado de trasplantar. En el caso de semillas gruesas es relativamente fácil de conseguir, pero si las semillas son demasiado pequeñas, la cosa resulta bastante más complicada. Una forma de conseguirlo, por ejemplo con semillas de Petunia, es mezclándolas con arena fina. Distribuir las semillas mezcladas con arena mejora mucho la homogeneidad del resultado.

Una vez distribuidas las cubriremos con más sustrato. Es especialmente importante que este sustrato sea fino y limpio. En caso de no disponer de él utilizaremos un tamiz para conseguirlo. La capa de cubrición tendrá un grosor, como norma general, igual que el grosor de la semilla o ligeramente superior, si esta es muy fina. Será una capa de grosor homogéneo y la compactaremos ligeramente para conseguir un contacto total de la semilla con el sustrato.

Algunos jardicultores humedecen el sustrato antes de distribuir las semillas y no lo vuelven a regar cuando han aplicado la capa de cubrición. Al ser una capa relativamente delgada, por capilaridad será humedecida por el sustrato inferior. Otros lo humedecen después, mediante un riego muy fino con un spray o similar. Lo importante es que el impacto del agua sobre el semillero no lo revuelva, haciendo que todo el cuidado con el que dispusimos las distintas capas no haya servido de nada.

A partir de ese momento es indispensable mantener el semillero constantemente húmedo, pero no encharcado. Si por descuido el semillero se secara, aunque "sólo" fuera la capa superficial, la germinación y posterior nascencia se vería comprometida y malograría todos nuestros esfuerzos. El proceso de germinación es irreversible, por lo que cualquier error desde este momento hasta que la planta emita sus primeras hojas, mataría las jóvenes plantas.

Para controlar la humedad del semillero es conveniente taparlo. Si además le proporcionamos oscuridad, tanto mejor ya que hay especies que la requieren para germinar. Usualmente se utiliza un cristal (es una superficie muy higiénica por lo fácil que resulta su limpieza) sobre el que se pone papel de periódico para evitar la entrada de la luz. Además, cuando las plantas nazcan, el cristal permitirá el paso de la luz manteniendo la temperatura y humedad bajo él.

A diario levantaremos la tapa como mínimo una vez durante varios minutos, suficiente para que desaparezca el condensado bajo la tapa y para que se renueve el aire en el interior del semillero. Este cuidado es fundamental para prevenir los ataques de hongos.

El tiempo que necesitarán las semillas para germinar, básicamente, está marcado genéticamente. Sin embargo unas temperaturas ligeramente elevadas acelerarán todo el proceso. Pero sin pasarse. Una temperatura excesiva hace muy difícil mantener las condiciones sanitarias adecuadas en los semilleros. Lo ideal, entorno a 20º-22ºC.

LA NASCENCIA

Si hemos seguido al pie de la letra las normas explicadas en el apartado anterior, al cabo de unos días comenzará a producirse la nascencia. Si la semilla utilizada es de calidad, es decir, se trata de semilla seleccionada, bien conservada, bien tratada y fresca, la nascencia se producirá con vigor y poca diferencia de tiempo entre la primera semilla nacida y la última. Esta característica es imprescindible para poder manejar el semillero adecuadamente ya que, una vez producida la nascencia, el semillero debe ser tratado de forma diferente a como lo tratábamos antes de que las plantas nacieran.

La principal diferencia es que a partir de la nascencia las jóvenes plántulas necesitan luz, por lo que debemos eliminar los periódicos si los estábamos utilizando para oscurecer el semillero. Si no lo hacemos así, corremos el riesgo de que nuestras pequeñas plantas se estiren desmesuradamente buscando la ansiada luz. Si esto ocurre, crecerán demasiado altas y delgadas, adquiriendo un aspecto denominado"ahilado" (con aspecto de hilo), lo que en general supone que sean inservibles: sus delicados tallos hace que sean muy difíciles de manejar en el trasplante y es habitual que se tronchen. Incluso aunque la planta germinara en su lugar definitivo crecería con grandes dificultades, teniendo en cuenta lo importante que resulta que el cuello de la planta (el punto de unión entre la raíz y la parte aérea) sea adecuadamente grueso y fuerte.

Otra diferencia fundamental es que la ventilación en el semillero es mucho más necesaria. Aunque sean pequeñas son plantas vivas y en pleno proceso de crecimiento. Necesitan aire para respirar y hacer la fotosíntesis, fijando el CO2 y emitiendo oxígeno, por lo que el intercambio gaseoso es imprescindible. Es fácil imaginar que la humedad superficial del semillero va a sufrir más variaciones a partir de ese momento, debido a la mayor exposición al aire, por lo que las semillas que no hayan nacido tendrán unas condiciones más fluctuantes y difíciles que las que lo hicieron ya.

Por todo ello utilizar una semilla de calidad es imprescindible. No merece la pena todo el esfuerzo en preparar y cuidar un semillero para luego realizarlo con semilla de baja calidad. El trabajo es el mismo, pero el resultado es mucho peor. Y la semilla no es precisamente algo cuyo precio sea prohibitivo como para plantearse sustitutivos más económicos.

El riego se debe seguir realizando con mucho cuidado, evitando que el agua impacte con demasiada fuerza sobre él. Si lo hacemos así, las plántulas pueden incluso saltar por los aires y, la que no lo haga, acabará volcada e incluso tapada por el propio sustrato. Es conveniente seguir utilizando el riego mediante un fino spray.

Otro detalle a no descuidar es el sol directo. Cuidado con él. Las plántulas necesitan luz abundante y, a ser posible, desde arriba, por lo que evitaremos colocar el semillero en una posición que sobre él haya algún elemento de sombra, ya que haría que las plantitas crecieran en dirección a la luz, lo que lleva de nuevo al ahilamiento. A pesar de ello, es muchísimo más dañino el sol directo, algo que debemos evitar a toda costa. Un sol tamizado, suavizado con alguna malla de sombreo o a través de un cristal encalado, evitará achicharrar a nuestras delicadas plantas. Por eso es habitual que en los viveros a los semilleros se les tenga dentro de invernaderos o túneles de plástico blanco, donde la luz del sol penetra de forma difusa, no directa, aunque la temperatura exterior sea adecuada para poder tener los semilleros al aire libre.

EL REPICADO

Aunque no a todas las plántulas les viene bien un trasplante, muchas de ellas no sólo lo aceptan, si no que les viene de maravilla. Al levantarlas del semillero y volverlas a plantar en maceta, bandeja de alveolos, etc, favorecemos que las raíces ramifiquen, lo que redundará en que la planta en un futuro tenga una cabellera de raíces más frondosa.

Este trasplante se realiza cuando la plantita ya tiene algunas hojas definitivas (no sólo las hojas cotiledonales que aparecen en la nascencia) y se llama repicado. Gracias a la presencia de estas hojas definitivas, la pequeña planta tendrá un tamaño más manejable y habrá conseguido un desarrollo suficiente para aguantar la manipulación.

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