Sábado, 26 Febrero 2011 15:49

Código de buenas prácticas en jardinería

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Recopilación de consejos para el aficionado a la jardinería. En especial para jardinería de balcones y terrazas.

1. Realizar el riego en macetas y jardineras a las horas adecuadas

Para evitar que el exceso de agua drenada caiga a la calle, lo suyo es que los arquitectos tuvieran en cuenta unos desagues apropiados en balcones y terrazas que, a tal efecto, recogieran el agua hacia las bajantes de pluviales.

Sin embargo, puesto que por desgracia a menudo se les olvida este importante detalle, deberemos regar:

- En primavera y otoño, con temperaturas suaves, a primeras horas de la mañana, antes de la hora de entrada al trabajo.

- En verano, con temperaturas diurnas más altas, a últimas horas de la tarde, cuando la afluencia de personas por la calle sea mínima.

En ambos casos evitaremos mojar a nuestros convecinos y son medidas que favorecen la salud de nuestras plantas.

2. Evitar tener las macetas y jardineras directamente sobre el suelo

A menudo no hay otro remedio que hacerlo, pero siempre que sea posible, las macetas y jardineras deberán estar elevadas sobre el suelo (colgadas en la barandilla o de la pared, por ejemplo). Con ello facilitaremos mucho las tareas de limpieza, algo imprescindible para que nuestros balcones y terrazas luzcan de la mejor manera posible.

3. Considerar el volumen de la planta adulta antes de emplazarla en su lugar definitivo

Con demasiada frecuencia se comete el error de no pensar en el volumen que llegan a alcanzar algunas plantas con los años. Desde enormes Pinsapos en el pequeño cuadrado ajardinado de la entrada de un chalecito adosado y que bloquea totalmente la vista desde la cocina, hasta las grandes Pitas plantadas en las jardineras "porque requieren pocos cuidados" y que alcanzaron tal volumen que impiden a los propietarios salir al balcón de su propia casa.

Infórmate bien antes de tomar estas decisiones. Cuando adquirimos la planta en el vivero, normalmente es de un tamaño manejable, pero puede que en pocos años deje de serlo. Producen molestias importantes y estéticamente son feas. Las cosas cuando son proporcionadas siempre son mucho más agradables.


4. La elección de las especies a cultivar no debe ser sólo por razones estéticas

Por mucho que nos gusten las orquídeas, parece poco apropiado llenar nuestras jardineras de balcón con ellas. La selección de las especies a cultivar tiene al menos dos fases:

1. Selección de las especies que sabemos que están aclimatadas a nuestra zona.

2. Elección, dentro del grupo seleccionado previamente, de aquellas que más se adaptan a nuestros gustos personales.

Con demasiada frecuencia elegimos nuestras plantas en el vivero atendiendo sólo a nuestros gustos personales. Si luego la cosa no va bien, no deberíamos extrañarnos.

5. Elegir las plantas en función de su adaptación a las condiciones del emplazamiento

Un error habitual es tratar de cultivar plantas que bajo ningún concepto se adaptan a la situación: clima, exposición, terreno,...

Las plantas no se eligen como las flores de un ramo. Deben sobrevivir durante meses o años, realizando su fotosíntesis, asimilando nutrientes del suelo, luchando contra temperaturas altas o bajas,... Un paseo por el entorno nos puede permitir hacer una lista preliminar de las plantas que mejor se adaptan a nuestro futuro jardín. A partir de ahí, creando una comunidad vegetal bien adaptada a la situación, podemos experimentar intercalando especies menos adaptadas o menos frecuentes, aprovechándonos de la protección que va a ofrecer el conjunto ya establecido.

6. Los adornos también deben ser proporcionados al tamaño del jardín

Pocas cosas hay que evidencien tanto el "quiero y no puedo" como los elementos decorativos desproporcionados en un jardín. ¿No habéis visto nunca un par de LEONES RAMPANTES a ambos lados de la entrada del típico chalecito adosado? Un poco más grandes y entran por la ventana de la cocina...

Seamos un poco más humildes. Si no tenemos para comprar un "Falcon Crest", no pasa absolutamente nada. Tratar de sustituir nuestras ansias de grandeza por sustitutos fuera de lugar, no solo demuestra nuestras carencias; es un atentado estético para todos los demás.


7. Podar una rama debe tener una razón lógica

Con demasiada frecuencia utilizamos las tijeras de podar sin tener muy claro por qué cortamos una determinada rama.

Cualquier corte de poda debe responder al menos a una de las siguientes razones:

1. Poda de formación: Podaremos las ramas que desequilibran la estructura del árbol, es decir, las que crecen demasiado juntas, los chupones que salen del tronco, el exceso de ramas estructurales en una planta en formación, las que crecen superando los límites espaciales impuestos (en setos geométricos por ejemplo), etc.

2. Poda de limpieza: eliminando ramas secas, en mal estado, enfermas,...

3. Poda de floración-fructificación: Podas que buscan potenciar la formación de botones florales o para evitar un exceso de fruta, por ejemplo.

Si el corte a realizar no responde a ninguna de estas razones, lo más probable es que no debamos hacerlo.

8. La mejor poda es la que no se nota

No hay ninguna razón para eliminar una rama (sana) que no debería estar en un determinado punto de la planta, varios años después de que la rama haya brotado. A no ser que nos hayamos despreocupado por ella, algo que no debería ocurrirnos.

En definitiva, si tenemos que cortar una rama muy gruesa, podríamos haberla eliminado hace varios años y la herida de la planta habría sido mucho más pequeña. Las heridas en las plantas no son inocuas: facilitan la entrada de enfermedades, por lo que hay que tratar de que sean lo más pequeñas posible.

La mejor forma de visualizar esta buena práctica es poniendo como ejemplo a los bonsais. A pesar de que el buen cultivador de bonsais realice docenas de cortes en un ejemplar, al cabo de varios días esos cortes se habrán vuelto prácticamente invisibles. Realizando los cortes en ramas jóvenes, la poda es rápidamente asimilada por la planta, recuperando un aspecto natural, como si nunca se hubiera podado.

9. Utiliza un buen sustrato

Tratar de ahorrar en una cosa tan importante puede traer nefastas consecuencias. No podemos crear un jardín fértil, aunque sea en macetas, con un mal sustrato: nuestras plantas crecerán débiles y enfermas y es la causa de innumerables fracasos del aficionado.

El sustrato dura muchos años y es reutilizable, por lo que no tiene sentido ahorrar en algo tan fundamental. A menudo la diferencia entre un buen y un mal sustrato no se ve, ya que puede deberse a una excesiva salinidad, algo imperceptible salvo con un adecuado instrumental de laboratorio o tras ver sus efectos sobre nuestras plantas, demasiado tarde.

Un sustrato a base de turba es una buena inversión. Merece la pena invertir en un suelo fértil para nuestras macetas y jardineras.

 


10. Fortalece las plantas con abono foliar

A algunas personas les sorprende descubrir que las plantas son capaces de absorber nutrientes por las hojas. Además de ser capaces, los asimilan a una velocidad mucho mayor que por las raíces, sin problemas de disponibilidad por culpa del pH o de otras razones.

Aplica abono foliar todas las semanas durante el periodo de crecimiento y notarás como las plantas crecen con más vigor y más sanas. Aplícalo aprovechando un tratamiento fitosanitario o sólo, en pulverización y rociando sobre todo la parte inferior de las hojas con gota pequeña. Por la mañana temprano en primavera y al anochecer en verano. Verás como lo notan tus plantas desde la primera semana.

11. El abono que tenga una buena formulación

Se puede usar en líquido, para aplicar con el riego, o en gránulos. Es más cómodo en gránulos porque dura más, mientras que en fertirrigación (abono+riego) hay que ser más constante, ya que la dosis aplicada es pequeña para evitar salinizar demasiado el suelo.

Si usas un abono químico, ten en cuenta que los principales nutrientes minerales son N (nitrógeno), P (Fósforo) y K (Potasio). Las formulaciones de los abonos químicos no suelen dar problemas con la disponibilidad del P y del K, pero el N es otra historia.

El N suele aparecer en forma nítrica (los famosos nitratos) que son solubles y fácilmente asimilables por las plantas. Sin embargo, se lavan con extraordinaria facilidad, no son "sujetados" por el suelo como el P y el K, y por tanto se pierden en grandes cantidades en los jardines debido al propio agua de riego. Para evitarlo, a menudo se formula también en forma amoniacal (la urea es una forma amoniacal) que no se lava con el agua de riego o de lluvia pero que no es absorbible directamente, por lo que hay que esperar a que el calor, el oxígeno y los agentes biológicos lo transformen en nitrato.

Para evitar los problemas del N, hay unos abonos de última generación en donde una compleja fórmula química mantiene "sujeto" el N y lo va "soltando" poco a poco, por lo que se mantiene durante semanas a disposición de las raíces de la planta. Estos abonos son los más recomendables para nuestras plantas ornamentales.

12. Aprende todo lo que puedas sobre cada especie que cultives

En otro apartado de este código de buenas prácticas se habla de la importancia de elegir la especie a cultivar en función de las condiciones ambientales disponibles. Conocer tus especies es indispensable para el éxito, no sólo en lo que se refiere al clima o la exposición, si no al sustrato, el riego, enfermedades, épocas de floración, métodos de reproducción,...

Los seres humanos tenemos una tendencia general, seguramente genética, a simplificar los problemas. Personas con cierta experiencia en la poda del olivo o en la de la viña se sienten en disposición absoluta de podar cualquier árbol o arbusto ornamental. Y así les va.

Es indispensable, para aprender, ser humilde y estar abierto a la posibilidad de que realmente no se sabe todo. Cada especie es distinta, con sus peculiaridades y sus exigencias. Puede que eso complique las cosas, pero hace que la jardinería sea una afición enriquecedora en la que jamás se deja de aprender.


13. Riega tus plantas cuando lo necesiten

Nada hace presagiar un futuro más negro para una planta que la típica pregunta al vendedor "¿cada cuanto tengo que regar esta planta?".

A las plantas se les debe regar cuando lo necesitan. Ni antes ni después. Claro que hay plantas que lo necesitan más a menudo que otras, pero además de sus propias necesidades, la distancia entre riegos depende de la época del año, del tamaño de la maceta, del tamaño de la planta, de la exposición al sol, del viento, de la calidad del sustrato,... Sacar una regla matemática se puede, pero es tan compleja que resulta mucho más sencillo echar un vistazo a diario para ver si nuestra planta necesita o no de un riego. Con un poco de práctica, con un par de segundos observando nuestro ejemplar descubriremos como sus hojas más tiernas perceptiblemente están un poquito más lacias que el día anterior: ese es el momento adecuado para regar.

Y si tienes dudas, el método del dedo no falla. Sumerge el dedo índice de la mano derecha (o de la mano izquierda si eres zurdo) en el sustrato y comprobarás que cuando necesita agua está más caliente que cuando tiene agua suficiente. La humedad en el sustrato hace que el calor de tu dedo se pierda con mayor facilidad, por lo que lo notamos más frío. Adivina ahora cuándo tienes que regar.

14. Riega de sobra, no seas tacaño, aunque el agua se vaya por el drenaje

El drenaje en las macetas no está para adornar. Es tan importante que sin él el riesgo de que la planta se muera es enorme.

Por un lado, si el agua aplicada es excesiva (o en el caso de una maceta o jardinera bajo la lluvia), el sustrato perdería completamente el aire de su interior, asfixiando las raíces. Pocas plantas son capaces de vivir con sus raíces completamente sumergidas bajo el agua varios días.

Por otro, el agua de riego (no así la de lluvia) normalmente trae en disolución diversas sales (carbonatos y sulfatos en su mayoría). Si regamos sin permitir que el agua rebose por el drenaje, poco a poco la concentración de sales en el sustrato irá aumentando hasta límites insoportables para las raíces. Así que, regar de más y permitir que el agua se lleve el exceso de sales por el agujero de drenaje resulta tan necesario como el propio riego.

Y, desde luego, en plantas acidófilas como la azalea, la hortensia, la gardenia,... todavía es más importante. Si en una planta normal es suficiente con que al menos un 10% del agua aplicada salga por el drenaje, en este grupo de plantas deberíamos hacer que fuera el 50%. Si, has leído bien. De todo el agua aplicada, al menos la mitad debería salir por el drenaje. En zonas con aguas con tendencia calcárea no hay otra forma de conseguir que las plantas acidófilas estén a gusto con nosotros.

 

15. La jardinería se aprende haciendo jardinería

Lo siento, no hay más remedio. Por muchos y muy buenos libros que tengas, revistas, vídeos,... la jardinería sólo se aprende practicando. Es inevitable.

Aprovecha los errores. Estúdialos y analiza el porqué del fracaso. Recuerda que de los éxitos se aprende mucho menos que de los fracasos, que son mucho más instructivos. Cuando uno tiene un éxito, tenemos la tendencia a pensar que es porque lo hicimos todo bien y a menudo no es cierto. También es verdad que resulta mucho más práctico aprender de los errores ajenos...

 


16. ¿Tienes alergia al polen? Planta flores

Es triste escuchar a alguien "No tengo flores en casa porque soy alérgico al polen". Yo soy alérgico al polen de varias plantas, como mucha gente hoy en día, pero ninguna de ellas produce flores bonitas.

A ver. Vamos a repasar las clases de Ciencias de cuando éramos pequeños (ahora Conocimiento del medio). Aprendimos que había plantas que producían polen que era transportado por insectos (plantas entomófilas) y otras que producían polen que era transportado por el viento (plantas anemófilas).

Las primeras producen flores más o menos atractivas, al menos para los insectos, con néctar, colores vistosos, etc. Su polen es pegajoso, para quedarse pegado en el próximo insecto que visite la flor. Así podrá llegar a otra flor para fecundarla. Esa característica pegajosidad impide que el polen sea trasportado por el aire y, por tanto, NO PUEDE SER RESPIRADO.

Las segundas producen flores poco atractivas, generalmente colgantes o con elementos que son fácilmente mecidos por el viento, que transportará el polen a otras flores. Es un polen ligero, nada pegajoso y fácilmente respirable. Este es el tipo de polen que produce alergias, como es el caso del chopo, olivo, cipreses, gramíneas,... Nunca son flores que merezca la pena cultivar.

Me encantaría no volver a oír nunca más una tontería tal como "Yo en casa no tengo flores porque soy alérgico al polen". Un poco de cultura nos hace la vida más llevadera.

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